El Arkegrama como mapa de la conciencia

El Arkegrama es un mapa de la conciencia. Entendiendo por esta, como propone Krishnamurti, sus propios contenidos. Diferenciándola así de la consciencia, estado de percepción alerta sólo posible sin la perturbación de los contenidos de la conciencia en forma de recuerdos, pensamientos, teorías, proyecciones, ilusiones, creencias, hábitos y rutinas…

 

Se han propuesto muchos modelos o mapas de la conciencia. El Arkegrama es la reconstrucción del modelo originario basado en una visión primaria del mundo. Tiene puntos en común, por tanto, con los modelos de las cosmovisiones antiguas, indígenas y tradicionales, pero también con muchos de los propuestos por la psicología profunda, la transpersonal, la arquetípica, la gestáltica…

La diferencia principal con algunos de los modelos propuestos por estas psicologías se halla en que las cosmovisiones originarias no conciben progreso o desarrollo. Ideas como la autorrealización (Maslow y otros) es completamente ajena a una visión integrada en el medio. Esta idea de progreso de la conciencia hacia un destino transpersonal (Wilber y otros) es una idea influida por Hegel, y el espíritu de la modernidad, que ha dado lugar al mundo en que vivimos, a este desgarro del hombre y la naturaleza, a su destrucción. Los apóstoles del progreso espiritual (¿sin ellos saberlo?) aceptaron así los mismos valores y principios, la misma cosmovisión subyacente a la que según ellos se oponían.

Pretendían ir más allá, pero más allá no está la salvación sino el abismo. Se va viendo que lo que hoy necesita el mundo no es más progreso ni crecimiento, incluso empieza a hablarse de decrecimiento económico.

No hay evolución espiritual. La evolución afecta sólo a lo material. La conciencia en cuanto materia evoluciona, pero no transciende a un nivel transpersonal. En la medida en que ya no es personal no puede hablarse de conciencia.

Lo que se necesita es regresar a origen al mismo tiempo que se progresa, con ese movimiento “retroprogresivo” que propone Salvador Pániker.

Situándonos en el origen, es decir percibiendo de manera inmediata, sin introducir la conciencia y sus contenidos (algo así como, ahora mismo, en el momento en que, leyendo esto, te detienes y observas como miras) ves que hay seis campos perceptivos básicos (correspondientes a las seis direcciones espaciales y a sus relaciones temporales según la analogía tiempo/espacio) que dan lugar a metáforas y estas a símbolos, según arquetipos, lugares/momentos, de una historia continuamente repetida. Estas metáforas se hallan en la base de nuestro sistema conceptual porque así está estructurado el mundo y, por tanto, nuestro pensamiento (Lakoff y Johnson), dando lugar a un sistema simbólico perfectamente coherente y estructurado en el Arkegrama. Es, por tanto, este, un mapa de la conciencia y como tal puede servirnos, no para desarrollar la conciencia (en el supuesto de que evolucionara hacia la perfección o niveles jerárquicamente superiores, hacia la integración holística, espiritualidad, etc.) sino para regresar a origen, es decir, a nuestro íntimo ser abandonado cuando la humanidad empezó su viaje de autoperfeccionamiento de la conciencia. En definitiva, el regreso a una percepción aquí ahora (el origen no es temporal), a una percepción alerta, primaria, inmediata.

Evidentemente esto no supone renunciar a los logros del conocimiento, ni implica retroceder tecnológicamente, sino dejar a un lado todo aquello que estorba a esa visión/vivencia originaria.

Ahora bien, y esto es una diferencia fundamental entre otras propuesta y la nuestra, consideramos que el Arkegrama es sólo una herramienta, así que no vamos a entronizar, ni adorar el instrumento, ni a convertirlo en el Método. El regreso a origen no significa apropiación cognitiva, ni emocional del mapa, ni evolución en una dirección determinada. El mapa no es el territorio. Ni el conocimiento, que es tiempo, nos acerca al origen. Más bien nos separa pues, aunque nos ayuda a conocer el territorio de la conciencia (ella misma desde sí misma conociéndose a sí misma), bloquea la percepción de sí misma por lo otro, lo desconocido. La conciencia es la pescadilla que se muerde la cola, siempre detrás y escapando de sí misma. Así que nunca se percibirá por completo hasta que no sea percibida por lo otro. Lo otro, lo desconocido… eso a lo que tememos porque ya no somos nosotros.

El Arkegrama nos sirve en la medida en que esclarece o nos ayuda a esclarecer los ejes perceptivos básicos y la estructura y proceso de la energía, a comprender los valores implicados en las declaraciones de principios y su relación con el sistema simbólico que subyace a nuestra visión explícita del mundo… pero sólo cuando ya no interfiere el modelo con nuestra percepción primaria la energía creativa puede discurrir libremente.

Una vez dejado esto claro podemos estudiar el mapa. Podemos servirnos de él para conocernos y conocer el mundo; como orientación para la organización de redes sociales, comunidades y colectivos; para la organización de proyectos socioculturales o de vida; para poner en acción la creatividad potencial de cada uno en el trabajo, en el arte, en la vida cotidiana o para lo que cada uno necesite o quiera.

En este blog encontrarás documentos escritos hace tiempo, textos nacidos al calor de mi investigación de estos años. Algunos de ellos necesitarían una revisión, actualizarlos. Valgan como aproximación a los cursos que tengo programados.

Si estás interesado escríbeme y hablamos.

luislucenac (arroba) gmail.com

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