Comentario a “En la ciudad digital” de Daniel Bellón

en  http://www.islasenlared.net/en-la-ciudad-digital

Interesante artículo. Creo que dices cosas que mucha gente sabe o intuye, de manera más o menos consciente, pero que nunca se dice en/sobre el mundillo (nunca fue más apropiado un diminutivo) literario. Ya sabes, hay que guardar las formas, pues comemos de la misma tarta y participamos en la misma fiesta, etc.

Me ha dado mucha tranquilidad leer tu texto porque responde a muchas de las inquietudes que me planteo desde hace mucho años.

Sólo una discrepancia: No estoy muy seguro de que haya muerto el público. En una lectura tú sientes al público presente, lo oyes y lo percibes, si estás atento, participar o pasar de lo que dices aunque se mantenga en silencio. En el caso de una edición, se mide por la venta, pero en Internet el público se muestra, toma la palabra y, esto, aunque es una ventaja es también una desventaja, pues rompe la soledad creativa. Y si no se muestra y lo consideras por el número de visitantes a tu blog entonces ni lo oyes, ni lo sientes… es un número, una abstracción. Pero está ahí, el público existe.

Otra cosa: en mi comentario al post “De la rabia al asco. Qué está pasando” de Vicente Luis Mora  donde me posiciono y lloro por mi generación ausente digo al final:

No, no es ahora el momento del asco y de la rabia, ni siquiera de la línea crítica, resistencia y barricadas, es el momento del regreso progresivo (Salvador Pániker). Sí, Daniel Bellón se te escapa una. En el momento del decrecimiento esa es la lucha. Seguiremos siendo los ausentes.

http://vicenteluismora.blogspot.com/2011/04/que-esta-pasando-de-la-rabia-al-asco.html

Te aclaro:

He estado, asqueado del mundo literario en mi juventud, mucho tiempo ausente (no de la escritura sino de la relación con escritores). Ahora veo por algunos jóvenes (al menos más que yo) que no es un asunto personal ni que afecte exclusivamente a mi generación (aunque quizá fuimos los primeros, en nuestro país me refiero… ), sino que es la identidad de nuestro tiempo. Mi actitud ha pasado de la “resistencia y barricadas” de mi primera juventud al “asco y la rabia”. Últimamente, y sin pasar a esa que tú llamas “de luces inefables e insondables vacíos”, se serena y vuelve a su origen. De ahí lo de regreso progresivo o retroprogresivo. Esta actitud no significa un regreso a lo primitivo sino a lo primordial. Lo expliqué con algo de detalle en un texto (Manifiesto por un arte primordial) que tendría que matizar y corregir ahora, pues es de 2008 y mucho he comprendido desde entonces. Sin embargo, sigo estando de acuerdo en que el poeta, el artista en general:

en lugar de tomar partido (como habitualmente se nos exige) afiliándose a una de las múltiples opciones, que en forma de tendencias fragmentan de manera tribal el panorama artístico actual, debe ver estas tendencias como lo que realmente son: técnicas, métodos, maneras de acercarse a la realidad, de concebir el mundo y que, por tanto, todas pueden serle útiles, instrumentos para la investigación (y su correspondiente expresión), sin perder de vista que el mapa no es el territorio, el modelo no es lo descrito, la obra no es su referente. La totalidad de la vida en su enorme complejidad, en su asombrosa sencillez, es la materia prima del poeta, del artista.

http://eljaina.blogspot.com/2008/02/propuesta-para-un-arte-primordial.html

Volver a origen, a lo primordial significa por tanto volver al centro de uno mismo, de lo que realmente somos, en una investigación sin límites. En esta actitud o práctica no hay nada de primitivismo, pues el origen no está necesariamente en el pasado, aunque los primitivos estén por lo común aunque no necesariamente, más cerca del origen que los civilizados. Por eso adopto el término retroprogresivo que acuña Pániker en Aproximación al origen.

En este sentido es en el que digo que “se te escapa una”. Y no sólo a ti, creo.

Saludos.

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2 pensamientos en “Comentario a “En la ciudad digital” de Daniel Bellón

  1. daniel

    Hola Luis, ya vi tu comentario y te he comentado el comentario (recomentar, seríaa el verbo ¿?¿).Te lo copiopego aquí :

    Hola Luis, el sistema manda los comentarios a la carpeta de turno a esperar a que yo pueda o me acuerde… . Respecto a lo que comentas, muchas gracias por los enlaces. No sé, respecto al público, cuando se trata de una lectura pública (échale unas 30-40 personas, lo que se llama “lleno hasta la bandera”) ves las caras del público con toda claridad, de tal modo que dejan de ser “público” para ser personas concretas, y eso es, precisamente, una de las cosas que me gustan de la poesía, que es (o debería ser, en mi opinión), entre otras cosas, un tipo diferente de relación entre quien escribe/dice el poema, y quien lo lee/escucha/interpreta… El público siempre fue un número: las audiencias que evalúa SOFRES, los “me gusta” de facebook, el número de ejemplares vendidos… todo es son números. Y la poesía no habla a la estadística sino a las personas. Aunque sea de a poquito… casi mejor así.
    Y respecto a tu evolución, que me comentas, je, cada cual tiene derecho a vivir sus procesos, y más en la escritura. Ese es un problema de las clasificaciones. Se te declara ( o te declaras) del grupo X y parece que te hubiesen marcado como a una vaca… como si las personas y nuestras escrituras no pudiesen cambiar con el tiempo… entiendo que la tarea crítica conlleva tratar de ordenar el panorama, y que eso está hasta bien… pero uno debe darle la importancia que tiene, no más…
    Un placer conocerte.

    Responder
    1. luislucenacanales Autor de la entrada

      Daniel, me confundió la nota previa que dice que los comentarios no están moderados. Perdón por el reenvío.

      Vengo a decir que el público todavía existe y especialmente en Internet. Un público que comenta o no comenta (ellos sabrán por qué). El número interesa a los editores, a los periodistas, a los críticos y profesores e interesa a los lectores ya que sólo pueden acceder a lo que es conocido. Lo desconocido vive una existencia virtual. Hay grados, claro.
      Aparte de los canales de distribución que dependen del mercado, hoy, a través de Internet, vamos creando otros. Aunque el resultado es el mismo: tú enlazas lo que te gusta, lo que te interesa, lo que te dice algo… y esto está normalmente relacionado con unos gustos y valores socioculturales que ya son.
      Tienes, claro, la opción de no someterte al público, a los poderes establecidos, al mercado… pero ni te leen los amigos, porque no saben de qué coño estás hablando.

      Cuando decidimos pasar nuestras palabras a un formato imperecedero ya no nos pertenecen, son del público. Y el público decide darte un premio Nobel o incluir tu obra en los manuales escolares. Digo público porque el público guía el gusto de los críticos y profesores. Ninguna autoridad se atreverá a contradecir al público. Y por eso el público es más que un número, es poder. Cómo si no iba a ser académico Pérez Reverte, por ejemplo.
      No hay por qué temer al público. Otra cosa es que decidas dedicarte a esa “inmensa minoría” de Juan Ramón. En fin. La inmensa minoría también es público y se deja aconsejar, se deja influir, se deja llevar.

      Rimbaud seguramente se habría perdido de no ser por Verlaine. Verlaine supo ver el valor de su innovación. Rimbaud nunca tuvo lectores, ni los podía tener. El público no tiene capacidad para valorar la auténtica creación. Necesita que un Verlaine se lo señale.
      Lo que pasa hoy es que las autoridades literarias se han pasado al comercio y no tienen capacidad para ver ni señalar sino otros productos de mercado. Lo que no pueden hacer, ya que entran en competencia con el producto que ellos son… en fin, el Ouroboros.

      Saludos.

      Responder

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