Archivos Mensuales: julio 2011

Arte, salud y ecología

El arte nació ligado a las formas y ritmos de la naturaleza, ligado a la totalidad de la vida y no sólo a una parte de esta. Luego, con el tiempo dejó de ser totalidad, objeto completo e inseparable de su medio para convertirse en una representación simbólica o conceptual de otra cosa, es decir, algo aislado de su medio, algo abstracto.

Pero, antes de llegar a ser representación al margen de su medio, imitación aislada del objeto representado, se manifestó a través de obras integradas de tal suerte que podría afirmarse que eran propiamente naturaleza. Arte que intentaba mejorar el medio según la naturaleza, no contra la naturaleza, tal y como reza la máxima alquimista.

Este tipo de arte puede observarse en el arte rupestre y megalítico, el arte de los chamanes paleolíticos y de las sociedades colectivistas de cazadores recolectores, o incluso en el arte del primer neolítico y de la edad del primer metal, edad del cobre o calcolítico, en cierto arte antiguo primordial y tradicional comunitario (como el flamenco, por ejemplo, o ciertas manifestaciones colectivas más o menos disfrazadas de religiosas), en ciertas formas de arte tradicional y, por supuesto, en el arte de los pueblos indígenas actuales.

Fuente: Thomas Schoch at http://www.retas.de/thomas/travel/australia2005/index.html

Aquella primera alianza entre arte y naturaleza se rompió:

1º por un imperativo ideológico religioso. Los objetos artísticos se convirtieron en símbolos separados de su medio, fuera del contexto en el que habían surgido y tenían sentido. Su nuevo medio fue el discurso ideológico religioso, el dogma y los nuevos templos ajenos al paisaje y al discurrir de los astros en el cielo. Se convirtieron en objeto de adoración y culto. Objetos rituales propiamente dichos

2º por un imperativo estético se convirtieron en objeto de disfrute y gozo narcisista

3º por un imperativo mercantil y productivista se convirtieron en objeto de consumo. Un poco antes habían sido objetos de expresión propia para el artista dejando de ser objeto de expresión del grupo. Es decir, objeto de uno para muchos y no, como fueron en un principio, objetos de todos para todos, objetos sociales ajenos a la lógica mercantilista.

En aquel arte que llamaremos primordial, se observan las siguientes funciones, como un todo:

1º expresiva: colectiva o comunitaria, expresión del grupo

2 pedagógica: del artista por excelencia, el artista primordial o chamán, al resto del grupo, como creador/ transmisor y del grupo al artista/recopilador de la cosmovisión colectiva. En este sentido el arte tiene una función social, cohesiva

3º lúdica, en la medida en que el juego es pedagógico y liberador

4º terapéutica, en cuanto el arte nos pone en relación con los ciclos naturales y rearmoniza al ser humano con su entorno natural. Esta función no es distinta de la estética ya que, lo mismo que la filosofía fue abandonando su función terapéutica,

Foto: Albeins

el arte dejó

de ser lo que fue en un principio y todavía era para los griegos: una actividad que tenía que ver con la creación y percepción de la belleza, es decir, lo estético (griego: aisthetikós, susceptible de percibirse por los sentidos (Joan Corominas) de áisthesis, sensibilidad (María Moliner) o facultad de percepción por los sentidos, y este de aisthánomai, yo percibo, comprendo (Joan Corominas)) para convertirse en lo que fue para los romanos: una habilidad, una profesión (latín: ars, artis).

http://eljaina.wordpress.com/el-arte-terapeutico/

De aquí, y pasando por una etapa de expresión de la intimidad del artista, exclusivista, egocéntrica y narcisista (como sigue siendo hoy) acabó, como dijimos más arriba, por convertirse en un mero objeto de consumo.

El paradigma ecológico nos devuelve de manera implícita, aunque aún no todos los movimientos ecológicos sean plenamente conscientes de ello, al espíritu de los antepasados, a la antigua relación arte/naturaleza. La ecología nos permite comprender, con metodología científica  y, por tanto, de acuerdo con nuestra actual manera de entender el mundo, aquello que los antepasados entendieron de forma empírico-intuitiva, a saber: que el ser humano no es distinto, ni está separado de su medio (social o natural) sino que es, precisamente,  su medio.

Es evidente que el arte así desnaturalizado, en la medida en que sirve a una ideología o se convierte en objeto simbólico al servicio de un dogma o sirve al mercado como objeto de consumo, no es un arte de la vida y para la vida, aunque pueda ser llamado arte ecológico. También la ecología es susceptible de convertirse en ideología, dogma y mercado.

Autor: Heart of Oak

Habría que preguntarse si un arte que se muestra ajeno a las desigualdades e injusticias sociales puede ser considerado, cabalmente, como un arte de la vida y para vida.

Habría que preguntarse si un arte que no recupere sus funciones primarias/primordiales, hoy olvidadas y las reactualice, puede ser llamado arte ecológico. Que recupere no sus materiales, temas, métodos o herramientas, sino aquel su primordial espíritu, aquella primaria visión que conecta con una concepción del mundo integrada en su medio.  Habría que preguntarse si es posible un arte ecológico que no sea un arte de la vida y para la vida o, si un artista, con conciencia ecológica que crea un arte de la Tierra y por la Tierra, no nos dará también un arte del Hombre, por y para el Hombre, por y para el ser humano total, completo, holístico (de holos, en griego: completo, sano).

Bosque de Oma, en Kortezubi (obra de Agustín Ibarrola).  Foto : Simoncio

En este aspecto el arte recupera su función terapéutica, ya que la salud no es sino como dijimos la armonía/solidaridad (con la misma raíz que sólido, ser uno) con el medio.

Salud física y mental, psíquica y anímica sólo posible cuando la creatividad, sin interés personal alguno, es el centro de la vida colectiva.

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