Archivos Mensuales: febrero 2013

No solo es necesario reiniciar la democracia sino cambiar el sistema operativo por uno de software libre.

Pero la mayoría de los políticos no escucha a sus creadores y estos siguen enganchados al mercado. El público es el que manda.

Anuncios

YA NO ME SUICIDO ESTE SÁBADO

Frío en la calle, a la intemperie … y el temor del lunes. Vendrán con sus sicarios, los señores, a desahuciarnos por no cumplir con sus abusos. Lo que se debe se paga, pero, es tanto lo que ellos nos deben, no de ahora, desde hace siglos de usura, el temor y el hambre, la ansiedad de la belleza de los amaneceres fríos vencidos entre sábanas heladas. Sin embargo, hoy hemos vencido, hemos comenzado a vencer hoy. Mis hermanos han entrado en el circo de los insensibles charlatanes de satisfechas sonrisas frente al dolor de la calle, y los han sometido. Por eso, ya no me suicido este sábado, este sábado voy a festejar con mis compañeros el triunfo. Lo que más nos duele es la insolidaridad de los muertos.

El fracaso de los políticos actuales se debe a que se han desentendido de los asuntos del alma: de la moral popular, del arte y de la cultura.

Se han convertido en meros administradores de los asuntos públicos. Se le puede pedir a un gestor que sea eficaz pero no que sea honrado. Un gestor es parte de una máquina (la máquina burocrática) y, por lo tanto, máquina él mismo, y las máquinas no tienen alma.

La revolución no está relacionada con la ideología, como la mayoría piensa, sino con el cuerpo, con los sentimientos y la emoción

La revolución no está relacionada con la ideología, como la mayoría piensa, sino con el cuerpo, con los sentimientos y la emoción, patrimonios del pueblo y sus artistas. Las ideas son siempre secundarias, pero los políticos, generalmente, piensan que ellos y sus ideas son fundamentales, cuando en realidad solo son una manifestación más bien periférica de la cultura y el arte. Por esto, los políticos nunca han dirigido (creado) una revolución auténtica.

No lo que se dice sino lo que nadie dice y todo el mundo sabe, eso es lo que importa.

Los que de alguna manera se benefician del hecho de no decirse algo nos quieren hacer creer que ese algo, por el hecho de no nombrarse, no existe; creando, así, el gran simulacro de la verdad que todos compartimos: el poder, el contrapoder… y todo lo que sabemos que no se dice. Si fuéramos capaces de vivir según lo que no se dice, de manera radical, definitiva, la revolución no sería solo una idea.