Esto ya pasaba, hace milenios, en el patio del colegio

La eterna cuestión: la unidad, no de las izquierdas, sino del pueblo. No la unidad de las ideas, sino de los hechos. Ciertamente resulta sorprendente que muchos todavía antepongan las ideas a los hechos. La unidad es un hecho o no es nada y para que lo sea no basta con querer la unidad, hay que sentirla. La diferencia entre el pensar y el sentir.

La política está hecha de pensamientos, de ideas (mi solución frente a tu solución), quizá vaya siendo hora de que empecemos a hacer política desde los sentimientos (mi sufrimiento o mi alegría no se oponen a tu sufrimiento o alegría, sino que son algo común). Cuando digo esto, o lo canto, alguien puede pensar que es otra solución, de las ideas, porque no basta con decirlo, hay que hacerlo. Y en eso estamos. Al final lo importante es lo que se hace, en el día a día, en lo grande y en lo pequeño.

Estamos desde hace milenios, diciéndonos unos a otros lo que es mejor, lo hay que hacer (mi o nuestra solución ya que tengo/tenemos una especie de conocimiento o don especial) en lugar de reunirnos, hablar sencilla y libremente y a continuación realizar lo acordado. Por ejemplo, en el campo de las organizaciones del pueblo siguen existiendo, por encima del sentimiento común, colectivos luchando entre sí tratando de imponerse mutuamente la solución. Pero la solución solo puede venir del entendimiento entre todos los implicados en el problema, estén o no organizados. Es, por tanto, una cuestión de método. Creo que parte del éxito de Podemos radica en esto.

Si no adoptamos un método realmente horizontal y democrático para organizarnos seguirán teniendo la dirección alguno de los distintos grupos organizados dentro el grupo común, que somos todos. Si no podemos hablar libremente de cómo ciertos grupos de poder organizados en el seno de la sociedad tratan de imponer sus puntos de vista, los no organizados percibirán que sus ideas y sus sentimientos no cuentan y, por lo tanto, abandonarán.

No creo que la solución, es solo mi idea, esté en los movimientos de renovación de los partidos. Estos son solo un efecto de otro movimiento más importante y renovador, más profundo: el cambio político es siempre antecedido de un cambio social y todo cambio social implica un cambio en la mente y en el corazón de los individuos. Ya veremos si este cambio es real o vuelve a ser otra buena idea: la solución de las mismas mentes privilegiadas de siempre, de esos que se creen mejores porque son más, saben más, tienen más fuerza.

Esto ya pasaba en el patio del colegio.

 

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