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La Atlántida en Jaén o Platón no era arqueólogo -DiarioJaén, 13-04-2017

Ayer publicó el diario Jaén un artículo mío acerca de la polémica creada a partir del documental de National Geographic sobre la relación entre el yacimiento arqueológico de Marroquíes Bajos y el relato y descripción que hace Platón de la Atlántida en su diálogo Timeo.

Puede leerse en la página web del diario Jaén
La siguiente en pdf es copia de la versión en papel, cortesía de Manuela Rosa Jaenes, redactora jefe del periódico Jaén.

AtlántidaenJaén_DJaen-13-04-17_Luis LucenaCanales
P.D.:

Cuando al final del artículo se dice “Entre otros, lo han afirmado este último autor en su Teoría de Andalucía”, se refiere evidentemente a Ortega y Gasset. Que dice, literalmente: “Indicios que se acumulan nos hacen entrever que antes de soplar el viento de los influjos históricos desde Egipto y, en general, desde el Mediterráneo oriental hacia el occidental había reinado una sazón de ráfagas opuestas”.

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A contratiempo

Hoy rescato este texto que compuse para mi presentación como cantautor en la Tertulia, en noviembre de 2013, y que no leí entonces.

——–
Entonces estábamos todos encantados, me refiero, claro está, a todos los que estábamos (encantados, ilusionados, convencidos, animados), pero, luego… ay, luego… a los traidores les quedó toda la razón que nos robaron.
Y así nació el desencanto, la decepción, el desengaño. Como Faetón que quiso alcanzar el sol, caímos y seguimos hundiéndonos hasta el fango. A quién le importa eso, hay que ser positivos.
Y como era poeta hice lo nos pedía Rimbaud: encanallarme todo lo posible.

Dice el poeta:

El primer objeto de estudio del hombre que quiere ser poeta es su propio conocimiento, completo; se busca el alma, la inspecciona, la prueba, la aprende. Cuando ya se la sabe, tiene que cultivarla; lo cual parece fácil: en todo cerebro se produce un desarrollo natural; tantos egoístas se proclaman autores; ¡hay otros muchos que se atribuyen su progreso intelectual! — Pero de lo que se trata es de hacer monstruosa el alma: ¡a la manera de los comprachicos, vaya! Imagínese un hombre que se implanta verrugas en la cara y se las cultiva.

Digo que hay que ser vidente, hacerse vidente. El poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos. Todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura; busca por sí mismo, agota en sí todos los venenos, para no quedarse sino con sus quintaesencias. Inefable tortura en la que necesita de toda la fe, de toda la fuerza sobrehumana, por la que se convierte entre todos en el enfermo grave, el gran criminal, el gran maldito, — ¡y el supremo Sabio! — ¡Porque alcanza lo desconocido!

Y dice Pere Gimferrer, que no acabó anulado sino académico de la lengua:

“… y los poetas acaban así: heridos, anulados, muertos-vivos, y por eso los llaman poetas.”
Pero, la presión del “lo mismo si alcanzo una victoria desastrosa como si sucumbo, el combate será hermoso: yo solo contra la humanidad” (que declara Lautremont), del maldito que hace “un pacto con la Prostitución para sembrar el desorden en las familias”, no puede mantenerse durante mucho tiempo. Lautremont se desvaneció en la historia (quizá ni existió), Rimbaud se hizo traficante y antes de morir se convirtió a la religión de la que había renegado. Nosotros nos hicimos intimistas, sentimentales, hedonistas antes de volver al civismo y reencantarnos débilmente, como corresponde al espíritu de nuestro tiempo.

Resultado de aquella indagación en las sombras es mi libro “El espíritu de la serpiente”, un libro sólo para espíritus que se atreven a reptar porque quieren aprender a volar, y “Periferia o muerte”, novela a partir del diario del verdadero autor de aquel libro.

Como todos los malditos yo era un moralista.

Sin embargo, no fue esa la tendencia:

Dejamos atrás a los poetas fuertes que cantaron a la inmensa mayoría su poesía como un arma cargada de futuro y dijimos ¡presente! como el soldado en el batallón de los dispuestos a morir por baratijas. Consumiento el presente blando que dura el tiempo de la simulación.
En realidad no habíamos salido de la esfera del encantamiento, simplemente habíamos cambiado el objeto del deseo. Antes lo poníamos fuera, en los otros, ahora, dentro, en nosotros mismos. Así, cuando volvieron las condiciones favorables de los encantamientos, nos volvimos cívicamente escépticos. Algo aprendimos:

1. El proceso es circular y se regenera a sí mismo.
2. No se puede escapar de él a través de su opuesto.
3. Solo podemos superarlo introduciendo una nueva actitud, que llamaremos ludismo y se basa en la comprensión de que la vida es un juego. Esta actitud ya estaba en poetas como Juan de Loxa. No se trata de ganar o perder sino de jugar a tiempo o a contratiempo.

Juan de Loxa es el maestro que nunca quise tener. Nunca quise maestros vivos, sino estanterías repletas de libros… pero Juan de Loxa se hace querer. Creo que él tampoco cree en los maestros.

En fin, como dice Brassens:

Mourir pour des idées,
c’est bien beau mais lesquelles?
Mourrons pour des idées,
d’accord, mais de mort lente.

Esto ya pasaba, hace milenios, en el patio del colegio

La eterna cuestión: la unidad, no de las izquierdas, sino del pueblo. No la unidad de las ideas, sino de los hechos. Ciertamente resulta sorprendente que muchos todavía antepongan las ideas a los hechos. La unidad es un hecho o no es nada y para que lo sea no basta con querer la unidad, hay que sentirla. La diferencia entre el pensar y el sentir.

La política está hecha de pensamientos, de ideas (mi solución frente a tu solución), quizá vaya siendo hora de que empecemos a hacer política desde los sentimientos (mi sufrimiento o mi alegría no se oponen a tu sufrimiento o alegría, sino que son algo común). Cuando digo esto, o lo canto, alguien puede pensar que es otra solución, de las ideas, porque no basta con decirlo, hay que hacerlo. Y en eso estamos. Al final lo importante es lo que se hace, en el día a día, en lo grande y en lo pequeño.

Estamos desde hace milenios, diciéndonos unos a otros lo que es mejor, lo hay que hacer (mi o nuestra solución ya que tengo/tenemos una especie de conocimiento o don especial) en lugar de reunirnos, hablar sencilla y libremente y a continuación realizar lo acordado. Por ejemplo, en el campo de las organizaciones del pueblo siguen existiendo, por encima del sentimiento común, colectivos luchando entre sí tratando de imponerse mutuamente la solución. Pero la solución solo puede venir del entendimiento entre todos los implicados en el problema, estén o no organizados. Es, por tanto, una cuestión de método. Creo que parte del éxito de Podemos radica en esto.

Si no adoptamos un método realmente horizontal y democrático para organizarnos seguirán teniendo la dirección alguno de los distintos grupos organizados dentro el grupo común, que somos todos. Si no podemos hablar libremente de cómo ciertos grupos de poder organizados en el seno de la sociedad tratan de imponer sus puntos de vista, los no organizados percibirán que sus ideas y sus sentimientos no cuentan y, por lo tanto, abandonarán.

No creo que la solución, es solo mi idea, esté en los movimientos de renovación de los partidos. Estos son solo un efecto de otro movimiento más importante y renovador, más profundo: el cambio político es siempre antecedido de un cambio social y todo cambio social implica un cambio en la mente y en el corazón de los individuos. Ya veremos si este cambio es real o vuelve a ser otra buena idea: la solución de las mismas mentes privilegiadas de siempre, de esos que se creen mejores porque son más, saben más, tienen más fuerza.

Esto ya pasaba en el patio del colegio.

 

Empeñado en clarificar qué es canción de autor (apuntes para la reflexión)

Se ha banalizado tanto la canción de autor, hoy se ha convertido incluso en una etiqueta de prestigio, aunque al escuchar ciertas canciones de autor nos suenen a canción pop o a cualquier otro género (con todos mis respetos por todo tipo de canción).

¿#cantautores son los que cantan sus propias composiciones? Lo son, literalmente, aunque creo que la etiqueta  #canciondeautor significa algo más:

-el término tiene cierta similitud con otras artes de autor, como por ejemplo el cine, en el sentido de que se trata de un arte no comercial en el que su autor expresa de manera crítica su particular visión del mundo.

-no es posible entender la canción de autor al margen de la poesía. El compositor de canciones de autor es un poeta que pone música a sus poemas y no un letrista que ajusta unas palabras más o menos adecuadas a una melodía. Cómo diferenciar una letra de un poema: lee la letra de una canción sin la música y vas a verlo claramente. El poema se basta a sí mismo, lo mismo que cualquier melodía.

-la canción de autor no se inventó en los años cincuenta, se trata simplemente de la continuación de la canción de los trovadores y juglares medievales que fueron a su vez continuación de la canción recitada o cantada de la antigüedad. Esta afirmación se muestra muy clara en los primeros cantautores y, mucho menos, en los actuales; con excepciones, claro está.

Por eso creo que la canción de autor implica:

-una adecuación entre lo que se dice y el cómo se dice

-una cierta integración armónica entre poema y música, por la cual la calidad por separado de uno de estos dos elementos no basta

-expresión de la visión del mundo del autor en consonancia con la colectividad en que vive. Esta puede ser más o menos colectiva, pero nunca puede ser expresión de lo que el público quiere oír con el fin de que asista a sus conciertos o compre sus discos. Es decir, será auténtica en el sentido de que no se adapte al mercado con el fin de convertirse en objeto de consumo, lo cual no quiere decir que no pueda venderse.

Es por esto que muchos cantautores no hacen #canciondeautor aunque canten sus propias canciones.

 

Canción de autor o poesía cantada versus canción pop

La canción de autor no es sólo canción escrita por el mismo que la interpreta, ni siquiera es una canción con una buena letra, yo creo que hay canción de autor cuando se produce integración armónica entre la sonoridad de un poema y su contenido.
En la Edad Media la poesía aún estaba intrínsecamente unida a la música y al ritmo, tal y como fue en su origen y es aún en la música étnica. A partir de la Ilustración, por influencia del racionalismo, empezó a tener preponderancia el sentido.
Evidentemente sobre música hay mucho escrito y sobre gustos nada, pero habría que considerar si un poema puede expresarse con una sonoridad pop. A muchos de los cantautores actuales habría que encuadrarlos en este tipo de música o de la canción romántica (en su acepción actual, no como música del Romanticismo). El pop es una creación de los publicistas y la poesía o tiene una sonoridad popular o clásica (de cámara) o no es poesía, o en todo caso poesía anuncio mediante la cual el poeta se vende a sí mismo –sus sentimientos pensamientos, experiencias- como objeto de consumo.
Para aclarar el término Pop, referido a la música, es interesante el artículo Pop de la Wikipedia, muy bien documentado, donde se dice:
Este tipo de música es hecha básicamente para ser comercializada. Comenzó durante los años 50.
(…)
El término canción pop se registró por primera vez en 1926, usado en el sentido de una pieza musical «que tenga atractivo popular».
A partir de la década de 1950, el término «música pop» se ha utilizado para describir un género distinto, destinado a un mercado joven, a menudo caracterizado como una alternativa suave al rock and roll.
A raíz del auge de los artistas británicos de la conocida como invasión británica, alrededor de 1967, el término fue utilizado cada vez más en oposición al concepto de música rock, para describir una forma musical más comercial, efímera y accesible.

Entrevista en Granada Hoy

“Los nuevos cantautores han dejado lo social para centrarse en el intimismo”

El músico actúa esta noche en La Tertulia donde interpretará canciones de siempre, pero también otras nuevas dedicadas al Manifiesto Canción del Sur o al movimiento 15-M.

Elizabeth Fernández Granada |Actualizado -02.11.2013

 

 Decidió anteponer una “E” a Luis y así se convirtió en Eluis. No quiso dar lugar a confusiones con el coplero Luis Lucena. Sus apellidos, Lucena Canales, suenan tan cañís que no podría disimular su origen español pero él es cantautor y su tarea ha sido, precisamente, la de ser crítico con este país por medio de sus canciones. Abandonado el desencanto, decide ahora regresar a la lucha porque “sobran los motivos”. Cree necesario recuperar la auténtica actitud de compromiso de los primeros cantautores. Esta noche ofrecerá un concierto en el legendario local de La Tertulia donde interpretará canciones de siempre pero también temas nuevos, como el compuesto que rememora lo que fue Manifiesto Canción del Sur u otros que hablan del 15-M. Guitarra y reivindicación en mano, Granada Hoy, charla con él.

-Luis Pastor se preguntó en su último disco “¿Qué fue de los cantautores?”. Eluis, ¿qué ha sido de ellos? 

-En 1993, el programa La Clave que dirigía José Luis Balbín, emitió un programa en el que participaron Fernando González Lucini, Carlos Cano, Chicho Sánchez Ferlosio, Javier Krahe, José Antonio Labordeta, Marina Rossell y Jerónimo Granada con el título ¿Qué fue de los cantautores contestatarios?, pero la “canción de autor” está tan viva como ahora mismo. Es cierto que la nueva generación de cantautores, con algunas excepciones, ha dejado a un lado el aspecto social para centrarse en el intimista. La canción tiene que volver a lo que siempre ha sido: expresión viva del presente y voz colectiva. Deberíamos recuperar no sólo lo que se llamó canción protesta, sino esa clase de emoción que exprese lo que los demás pensamos y sentimos.

-¿Cuáles son las reivindicaciones de la canción de autor en una época de absoluto individualismo? 

-Desde la Transición, la música de los cantautores, que nació y tuvo su auge al final de la dictadura y en lucha por la democracia, fue desplazada por una música con letras no comprometidas y que hablaban principalmente de la intimidad del autor. Está más de actualidad que nunca aquello que Gabriel Celaya publicó en 1955 y que luego cantó Paco Ibáñez: “Maldigo la poesía del que no toma partido”. El cantautor tiene que tomar partido y ayudar con su canción a la unidad de los movimientos sociales y políticos de las izquierdas. No tiene sentido, con lo que está cayendo, que cada cual por su lado esté luchando por lo mismo. No es solo una opinión o una toma de posición: así es como nació la canción de autor y este es su sentido.

-¿Qué recuerdos le trae el Manifiesto Canción del Sur? 

-El Manifiesto Canción del Sur fue una propuesta creativa puesta en juego por el poeta Juan de Loxa y los cantautores Carlos Cano y Antonio Mata al que se sumaron después otros como Enrique Moratalla, Miguel Á. González, Raúl Alcover, Pascual, Esteban Valdivieso, Juan Titos, Nande Ferrer… Lo más significativo fue su dimensión colectiva y la reivindicación de las raíces temáticas y formales de la canción popular. Nacieron como grupos de músicos poetas y esto es otra de las cosas que se olvidó en la Transición, donde pesaron más las individualidades y otras influencias musicales de moda (otra vez el mercado).

-¿Qué significación tiene hacer una canción que rememore hoy aquel acontecimiento? 

-Vivimos una situación social y política que vuelve a poner en juego a los “poetas que cantan” (me gusta más que cantautores), pero estos tienen que dar el primer paso implicándose en los asuntos de todos. Es curioso y significativo que el 15M, que fue un estallido colectivo, no tuviera en su momento canciones. Por eso he compuesto una canción sobre el “manifiesto” en la que incluyo textos de los fundadores (Juan de Loxa, Carlos Cano y Antonio Mata).

-¿Qué supuso la Transición, la Democracia, en la composición de nuevas letras? ¿A qué retos se enfrentaban los músicos? ¿Cuáles fueron los focos de la denuncia? 

-En la Transición no es que no hubiera motivos para seguir reivindicando, protestando, por medio de la canción. A los cantautores nos pasó lo mismo que al conjunto de la sociedad: después de las vacas flacas, es normal que quisiéramos disfrutar un poco. Pero el descontento existía, sólo que se expresaba de otras muchas maneras. Lo que se llamó desencanto no fue sino una manera de protesta en el ámbito que nos había dejado el poder: en lo íntimo y personal. Ahora, con la situación política que estamos sufriendo, con los recortes económicos y sociales y demás retrocesos democráticos ya no tiene valor alguno seguir cantando al individualismo.

 http://www.granadahoy.com/ocio/detail.php?id=1637207#opi

 

2 de noviembre en La Tertulia con Juan de Loxa, Juan Trova, Uzman Almerabet

Ando atareado preparando el concierto del día 2 de noviembre en La Tertulia de Granada. Hará la presentación Juan de Loxa (impulsor de Manifiesto Canción del Sur) y actuarán como artistas invitados Juan Trova y Uzman Almerabet. A los que agradezco públicamente, aquí, su participación, su apoyo.

Comencé a escribir y a interpretar mis canciones a los 16 años (1970) influido por los cantautores de aquel tiempo. Luego, el mercado desvió el curso de los ritmos nacidos de la lucha por una sociedad mejor, devoró las voces de la tierra, transformó las canciones del pueblo en cosas banales y sin poesía, objetos para usar y tirar. Tuve que aprender a cantar (como tantos otros) a contratiempo.

La canción de autor comenzó siendo expresión de la voz colectiva. Creo que deberíamos recuperar no sólo lo que se llamó canción protesta, o de contenido político y social, sino esa clase de emoción, esas especiales maneras que hacen que un poema, una canción, diga lo que los demás pensamos y sentimos.

El cantautor cuando compone tiene que olvidarse de sí mismo, para poder así expresar lo que la gente siente. Sus intimidades personales no son importantes o sólo cuando coinciden/participan de lo que los demás sienten.