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Literatura en la Red

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Hoy se está haciendo buena literatura en las redes sociales, en las páginas web y blogs, en ciertos foros… me refiero a literatura in situ, de autores que utilizan internet como medio y no solo para promocionar sus libros. Se han roto fronteras y el territorio de la escritura se ha abierto, ya no pertenece solo a los profesionales. Hoy cualquiera puede escribir y autopublicar sus libros sin apenas conocimientos especializados. Esto tiene sus riesgos, el lenguaje se degrada porque todo vale: un libro es un montón de palabras seguidas, de páginas escritas… pero un buen libro es mucho más que eso. Es difícil definir qué es un buen libro (o texto), pero no qué es uno malo.

Un buen texto es aquel que dice exactamente lo que su autor quiere decir; un mal texto, solo se aproxima.

Un buen libro no lo hace una buena historia. Qué puede gustar de una historia que ya conocemos sino la manera de contarla. Por eso, no las buenas historias sino las historias bien contadas no mueren nunca.

Un mal libro puede partir de una buena idea, puede tener una buena intención de base, un buen argumento, pero a un libro lo hace la expresión, el lenguaje, el cómo no el qué. No se escribe un libro con ideas sino con palabras, por tanto, lo que necesita el escritor no son buenas ideas sino palabras claras, bien dichas, bien ensambladas, palabras que digan con precisión lo que ve, lo que siente, lo que piensa. Sin embargo, leo textos que son solo intenciones, proyectos.

En un buen texto cada palabra, cada frase, tiene un valor en sí misma, es intencionada. Un buen escritor no escribe en función de ninguna utilidad comunicativa, ni estética, ni expresiva, sino que se entrega al arte de decir lo que tiene que decir en el instante mismo de la escritura.

Hay buenos libros que, aunque aburridos, son sabios, interesantes, sabrosos. Un buen texto es un placer para el que sepa saborearlo, aunque esté poco o demasiado condimentado. Un mal texto puede estar muy bien presentado, pero si su sabor es vulgar o insulso, si no aporta nada nuevo o solo entretenimiento a los que no piden demasiado, solo placerá a esos paladares groseros que solo buscan nuevas sensaciones y no alimentarse.

Publicado en Guía del escritor

 

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Alfonso Estébanez, autor de La revolución educada

Aunque llevo años trabajando como corrector de textos y ayudando a escribir a jóvenes que empiezan, nunca hasta ahora les había pedido que expusieran por escrito qué les había parecido mi trabajo. Nunca creí que fuera necesario, siempre pensé que se llevaban puesto lo pagado y no había necesidad de volver sobre lo aprendido. A todos nos gusta que hablen bien de nosotros y además, según los expertos en marketing, da mejores resultados que alabarse a sí mismo, quién lo diría.
Uno realiza este trabajo por vocación y, claro, porque le gusta pagar lo que debe y tiene la mala costumbre de comer todos los días. Conseguir clientes es la primera obligación del que trabaja por cuenta propia, bienvenida sea pues la nueva sección de testimonios que iniciamos con el último de mis pupilos.

Alfonso Estébanez ha escrito un libro interesante sobre un tema poco conocido (economía basada en recursos) y del que hay escasa bibliografía en nuestro idioma. Desde que leí el primer borrador pensé que merecía la pena y, ahora que lo ha terminado y publicado, pienso que es un libro imprescindible para el que quiera estar al tanto de los nuevos modelos económicos y últimas propuestas de cambio social. Más información y para adquirir el libro en su web La revolución educada.


Alfonso Estébanez autor del libro La revolución educada

Luis Lucena Canales ha hecho un gran trabajo de corrección de mi libro La revolución educada, que ha consistido en 3 supervisiones completas a un precio inmejorable.

La corrección ha sido absolutamente integral, es decir, de estilo, ortográfica, gramátical y de fondo. Por supuesto, él no se ha involucrado en el contenido, solo se interesaba en el significado para criticar si estaba bien expresado y proponerme una mejora.

Estoy totalmente satisfecho con su servicio porque vale mucho más de lo que ha costado en dinero. Como parte del servicio hemos hablado por teléfono innumerables horas para aclarar cada cuestión, cada punto, cada sugerencia.

Aprovechando la relación profesional, también me ha ayudado charlar con él de mentor a alumno, porque ha sido mi primer libro y todo era una duda. Además, como persona es cercano, entrañable, simpático y agradable por lo que ha sido muy fácil trabajar con él.

Gracias Luis, por tus servicios y tu generosidad. Espero que te vaya genial en tu profesión. Te recomendaré a quien pueda necesitarte.

Alfonso Estébanez


Entrada publicada en  Guía del escritor

La Atlántida en Jaén o Platón no era arqueólogo -DiarioJaén, 13-04-2017

Ayer publicó el diario Jaén un artículo mío acerca de la polémica creada a partir del documental de National Geographic sobre la relación entre el yacimiento arqueológico de Marroquíes Bajos y el relato y descripción que hace Platón de la Atlántida en su diálogo Timeo.

Puede leerse en la página web del diario Jaén
La siguiente en pdf es copia de la versión en papel, cortesía de Manuela Rosa Jaenes, redactora jefe del periódico Jaén.

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P.D.:

Cuando al final del artículo se dice “Entre otros, lo han afirmado este último autor en su Teoría de Andalucía”, se refiere evidentemente a Ortega y Gasset. Que dice, literalmente: “Indicios que se acumulan nos hacen entrever que antes de soplar el viento de los influjos históricos desde Egipto y, en general, desde el Mediterráneo oriental hacia el occidental había reinado una sazón de ráfagas opuestas”.

A contratiempo

Hoy rescato este texto que compuse para mi presentación como cantautor en la Tertulia, en noviembre de 2013, y que no leí entonces.

——–
Entonces estábamos todos encantados, me refiero, claro está, a todos los que estábamos (encantados, ilusionados, convencidos, animados), pero, luego… ay, luego… a los traidores les quedó toda la razón que nos robaron.
Y así nació el desencanto, la decepción, el desengaño. Como Faetón que quiso alcanzar el sol, caímos y seguimos hundiéndonos hasta el fango. A quién le importa eso, hay que ser positivos.
Y como era poeta hice lo nos pedía Rimbaud: encanallarme todo lo posible.

Dice el poeta:

El primer objeto de estudio del hombre que quiere ser poeta es su propio conocimiento, completo; se busca el alma, la inspecciona, la prueba, la aprende. Cuando ya se la sabe, tiene que cultivarla; lo cual parece fácil: en todo cerebro se produce un desarrollo natural; tantos egoístas se proclaman autores; ¡hay otros muchos que se atribuyen su progreso intelectual! — Pero de lo que se trata es de hacer monstruosa el alma: ¡a la manera de los comprachicos, vaya! Imagínese un hombre que se implanta verrugas en la cara y se las cultiva.

Digo que hay que ser vidente, hacerse vidente. El poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos. Todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura; busca por sí mismo, agota en sí todos los venenos, para no quedarse sino con sus quintaesencias. Inefable tortura en la que necesita de toda la fe, de toda la fuerza sobrehumana, por la que se convierte entre todos en el enfermo grave, el gran criminal, el gran maldito, — ¡y el supremo Sabio! — ¡Porque alcanza lo desconocido!

Y dice Pere Gimferrer, que no acabó anulado sino académico de la lengua:

“… y los poetas acaban así: heridos, anulados, muertos-vivos, y por eso los llaman poetas.”
Pero, la presión del “lo mismo si alcanzo una victoria desastrosa como si sucumbo, el combate será hermoso: yo solo contra la humanidad” (que declara Lautremont), del maldito que hace “un pacto con la Prostitución para sembrar el desorden en las familias”, no puede mantenerse durante mucho tiempo. Lautremont se desvaneció en la historia (quizá ni existió), Rimbaud se hizo traficante y antes de morir se convirtió a la religión de la que había renegado. Nosotros nos hicimos intimistas, sentimentales, hedonistas antes de volver al civismo y reencantarnos débilmente, como corresponde al espíritu de nuestro tiempo.

Resultado de aquella indagación en las sombras es mi libro “El espíritu de la serpiente”, un libro sólo para espíritus que se atreven a reptar porque quieren aprender a volar, y “Periferia o muerte”, novela a partir del diario del verdadero autor de aquel libro.

Como todos los malditos yo era un moralista.

Sin embargo, no fue esa la tendencia:

Dejamos atrás a los poetas fuertes que cantaron a la inmensa mayoría su poesía como un arma cargada de futuro y dijimos ¡presente! como el soldado en el batallón de los dispuestos a morir por baratijas. Consumiento el presente blando que dura el tiempo de la simulación.
En realidad no habíamos salido de la esfera del encantamiento, simplemente habíamos cambiado el objeto del deseo. Antes lo poníamos fuera, en los otros, ahora, dentro, en nosotros mismos. Así, cuando volvieron las condiciones favorables de los encantamientos, nos volvimos cívicamente escépticos. Algo aprendimos:

1. El proceso es circular y se regenera a sí mismo.
2. No se puede escapar de él a través de su opuesto.
3. Solo podemos superarlo introduciendo una nueva actitud, que llamaremos ludismo y se basa en la comprensión de que la vida es un juego. Esta actitud ya estaba en poetas como Juan de Loxa. No se trata de ganar o perder sino de jugar a tiempo o a contratiempo.

Juan de Loxa es el maestro que nunca quise tener. Nunca quise maestros vivos, sino estanterías repletas de libros… pero Juan de Loxa se hace querer. Creo que él tampoco cree en los maestros.

En fin, como dice Brassens:

Mourir pour des idées,
c’est bien beau mais lesquelles?
Mourrons pour des idées,
d’accord, mais de mort lente.

Esto ya pasaba, hace milenios, en el patio del colegio

La eterna cuestión: la unidad, no de las izquierdas, sino del pueblo. No la unidad de las ideas, sino de los hechos. Ciertamente resulta sorprendente que muchos todavía antepongan las ideas a los hechos. La unidad es un hecho o no es nada y para que lo sea no basta con querer la unidad, hay que sentirla. La diferencia entre el pensar y el sentir.

La política está hecha de pensamientos, de ideas (mi solución frente a tu solución), quizá vaya siendo hora de que empecemos a hacer política desde los sentimientos (mi sufrimiento o mi alegría no se oponen a tu sufrimiento o alegría, sino que son algo común). Cuando digo esto, o lo canto, alguien puede pensar que es otra solución, de las ideas, porque no basta con decirlo, hay que hacerlo. Y en eso estamos. Al final lo importante es lo que se hace, en el día a día, en lo grande y en lo pequeño.

Estamos desde hace milenios, diciéndonos unos a otros lo que es mejor, lo hay que hacer (mi o nuestra solución ya que tengo/tenemos una especie de conocimiento o don especial) en lugar de reunirnos, hablar sencilla y libremente y a continuación realizar lo acordado. Por ejemplo, en el campo de las organizaciones del pueblo siguen existiendo, por encima del sentimiento común, colectivos luchando entre sí tratando de imponerse mutuamente la solución. Pero la solución solo puede venir del entendimiento entre todos los implicados en el problema, estén o no organizados. Es, por tanto, una cuestión de método. Creo que parte del éxito de Podemos radica en esto.

Si no adoptamos un método realmente horizontal y democrático para organizarnos seguirán teniendo la dirección alguno de los distintos grupos organizados dentro el grupo común, que somos todos. Si no podemos hablar libremente de cómo ciertos grupos de poder organizados en el seno de la sociedad tratan de imponer sus puntos de vista, los no organizados percibirán que sus ideas y sus sentimientos no cuentan y, por lo tanto, abandonarán.

No creo que la solución, es solo mi idea, esté en los movimientos de renovación de los partidos. Estos son solo un efecto de otro movimiento más importante y renovador, más profundo: el cambio político es siempre antecedido de un cambio social y todo cambio social implica un cambio en la mente y en el corazón de los individuos. Ya veremos si este cambio es real o vuelve a ser otra buena idea: la solución de las mismas mentes privilegiadas de siempre, de esos que se creen mejores porque son más, saben más, tienen más fuerza.

Esto ya pasaba en el patio del colegio.

 

Empeñado en clarificar qué es canción de autor (apuntes para la reflexión)

Se ha banalizado tanto la canción de autor, hoy se ha convertido incluso en una etiqueta de prestigio, aunque al escuchar ciertas canciones de autor nos suenen a canción pop o a cualquier otro género (con todos mis respetos por todo tipo de canción).

¿#cantautores son los que cantan sus propias composiciones? Lo son, literalmente, aunque creo que la etiqueta  #canciondeautor significa algo más:

-el término tiene cierta similitud con otras artes de autor, como por ejemplo el cine, en el sentido de que se trata de un arte no comercial en el que su autor expresa de manera crítica su particular visión del mundo.

-no es posible entender la canción de autor al margen de la poesía. El compositor de canciones de autor es un poeta que pone música a sus poemas y no un letrista que ajusta unas palabras más o menos adecuadas a una melodía. Cómo diferenciar una letra de un poema: lee la letra de una canción sin la música y vas a verlo claramente. El poema se basta a sí mismo, lo mismo que cualquier melodía.

-la canción de autor no se inventó en los años cincuenta, se trata simplemente de la continuación de la canción de los trovadores y juglares medievales que fueron a su vez continuación de la canción recitada o cantada de la antigüedad. Esta afirmación se muestra muy clara en los primeros cantautores y, mucho menos, en los actuales; con excepciones, claro está.

Por eso creo que la canción de autor implica:

-una adecuación entre lo que se dice y el cómo se dice

-una cierta integración armónica entre poema y música, por la cual la calidad por separado de uno de estos dos elementos no basta

-expresión de la visión del mundo del autor en consonancia con la colectividad en que vive. Esta puede ser más o menos colectiva, pero nunca puede ser expresión de lo que el público quiere oír con el fin de que asista a sus conciertos o compre sus discos. Es decir, será auténtica en el sentido de que no se adapte al mercado con el fin de convertirse en objeto de consumo, lo cual no quiere decir que no pueda venderse.

Es por esto que muchos cantautores no hacen #canciondeautor aunque canten sus propias canciones.

 

Canción de autor o poesía cantada versus canción pop

La canción de autor no es sólo canción escrita por el mismo que la interpreta, ni siquiera es una canción con una buena letra, yo creo que hay canción de autor cuando se produce integración armónica entre la sonoridad de un poema y su contenido.
En la Edad Media la poesía aún estaba intrínsecamente unida a la música y al ritmo, tal y como fue en su origen y es aún en la música étnica. A partir de la Ilustración, por influencia del racionalismo, empezó a tener preponderancia el sentido.
Evidentemente sobre música hay mucho escrito y sobre gustos nada, pero habría que considerar si un poema puede expresarse con una sonoridad pop. A muchos de los cantautores actuales habría que encuadrarlos en este tipo de música o de la canción romántica (en su acepción actual, no como música del Romanticismo). El pop es una creación de los publicistas y la poesía o tiene una sonoridad popular o clásica (de cámara) o no es poesía, o en todo caso poesía anuncio mediante la cual el poeta se vende a sí mismo –sus sentimientos pensamientos, experiencias- como objeto de consumo.
Para aclarar el término Pop, referido a la música, es interesante el artículo Pop de la Wikipedia, muy bien documentado, donde se dice:
Este tipo de música es hecha básicamente para ser comercializada. Comenzó durante los años 50.
(…)
El término canción pop se registró por primera vez en 1926, usado en el sentido de una pieza musical «que tenga atractivo popular».
A partir de la década de 1950, el término «música pop» se ha utilizado para describir un género distinto, destinado a un mercado joven, a menudo caracterizado como una alternativa suave al rock and roll.
A raíz del auge de los artistas británicos de la conocida como invasión británica, alrededor de 1967, el término fue utilizado cada vez más en oposición al concepto de música rock, para describir una forma musical más comercial, efímera y accesible.