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Una novela no es solo información

Leo por ahí: “Una novela no es más que un caudal de información.” Punto de vista de la literatura entendida como producto de consumo, que inevitablemente produce obras débiles, triviales. Hay muchas clases de novela, pero la literatura no es periodismo. Muchas escuelas de escritura enseñan a redactar (el cuerpo de la literatura), pero dejan a un lado el espíritu del creador. Dicen que eso no puede enseñarse, y tienen razón: aunque sí se puede aprender a discernir, a descubrirlo en uno mismo.
Diríamos, más bien: una novela es también un canal de información. La infraestructura de una novela no es la información, sino la emoción, el sentimiento, el conocimiento del mundo y el autodescubrimiento que produce en el lector. El contenido, aunque se apoye en las palabras, se encuentra más allá del significado evidente y convencional de las palabras, por eso, más que informar, forma.
Que la novela es un caudal de informacion solo es válido para los que leen para no aburrirse, pero este tipo de lector no debería interesar al escritor, a no ser que quiera convertirse en un mero amenizador de hastiados en una tarde de domingo.

Publicada en Guía del escritor.

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El escritor en Inopia (novelablog) de Eluis Lucena

Capítulo uno

Como le era imposible determinar desde cuando había vivido en Inopia el escritor comenzó a contar la manera en que tomó conciencia de que vivía en aquel país. Recordó cómo desde muy pequeño había tenido sospechas de que algo extraño sucedía en la manera de actuar de sus familiares, amigos y conocidos, sobre todo por esas oscuras zonas entrevistas en los pliegues nunca esclarecidos de sus palabras, en la contradicción socialmente aceptada entre lo que se decía y lo que se hacía, en sus actividades sin conexión con la vida sino más bien con los ritos de las instituciones y los valores y convenciones de las autoridades, en esos poderes y privilegios concedidos que entendía, con candor infantil, que no emanaban de un poder de la naturaleza sino de la incomprensible concesión de sus conciudadanos.
La sospecha se transformó en duda al conocer a X. Ya no era un niño y su candor se transformó en conciencia. Primero supo que X no formaba parte de ninguno de los grupos habituales, luego que ni siquiera era miembro de ninguno de los grupos sociales permitidos ni prohibidos, ni instituidos ni en proceso de constitución. Si carecía de criterios fijos en dónde radicaba la opinión de X. Aún más, quién era X. ¿Cómo podía ser alguien aquel que ni formaba parte de un grupo ni tenía una ideología que seguir? Sin embargo parecía una persona normal, integrada, incluso buena… ¿o quizá no?
Comenzó a observarlo, a seguirlo de manera obsesiva, creyó incluso ser él. Un día desapareció sin que nadie le pudiera explicar a donde se había ido. Con el tiempo supo, no podía ser de otra forma, que había abandonado el país.
El recuerdo de sus palabras, de sus gestos, de sus actos le acompañó durante mucho tiempo. Trató de explicar lo inexplicable, pero no podía porque todavía seguía viviendo en Inopia.